Mozárabes y mozarabías

Mozárabes y mozarabías
Biblia de León

sábado, 22 de julio de 2017

San Quirce de Pedret (Barcelona)



A tres kilómetros al norte de Berga, (Barcelona), hay un puente romano que cruza el Llobregat; desde allí ascenderemos por una pista que nos deposita en una ladera a mediodía donde se recuesta la iglesia. Hermosa perspectiva exterior de los ábsides, cuyo reparto volumétrico es armonioso y nos recuerda al de otras obras de más envergadura.
A principios del siglo IX ya figuraba como parroquia en las actas de la catedral de Seo de Urgel. Durante las reconstrucciones realizadas en los años 60, han aflorado unos cimientos visigóticos que hacia el siglo X debieron de ser ampliados por artífices mozárabes, quienes añadieron los ábsides circulares y las naves laterales; después sufrió profundas transformaciones ya en el período románico.
El rastro mozárabe se deja sentir con claridad en el interior del templo, en la planta de las capillas laterales, en la escasez de luz que apenas cruza las estrechas saeteras y, finalmente, y en los arcos de herradura interiores. Su diámetro excede las jambas, sus dovelas inferiores son horizontales (están colocadas a espejo) y son radiales sólo las superiores, próximas a la clave.
En el siglo X se amplió a tres naves y un crucero, sustituyendo la bóveda de madera por otra de cañón de piedra, añadiendo dos ábsides laterales. Arcos de herradura entre los distintos espacios.
Interesantes pinturas mozárabes y románicas.

sábado, 11 de febrero de 2017

Santa María de Wamba (Valladolid)



En las estribaciones de los Montes Torozos, cerca de Valladolid, nos encontramos en Wamba con otro vestigio visigótico-mozárabe: la iglesia de Santa María. Tras sufrir tantos cambios a los largo de diez siglos, de su traza mozárabe sólo nos ha llegado la cabecera y la nave septentrional, donde hace no mucho se descubrió un arco ciego de herradura. 


Las bóvedas son de cañón en sentido longitudinal y por su peso requieren contrafuertes en los muros. Algunos arcos de herradura fueron modificados para convertirlos en medio punto, aunque todavía permanecen intactos los que dan acceso a las capillas absidiales. Están soportados por pilares y no por columnas, con lo que la sensación de pesadez del conjunto es mayor.


Son de notar las impostas bajo los arcos, decoradas con dos o tres nacelas escalonadas y entre ellas unas bandas con pequeñas hojitas y otros motivos muy característicos. 


El resto del conjunto es románico y en el muro norte podemos distinguir perfectamente la construcción de mampuesto primitiva, a la derecha, continuada hacia la izquierda por la sillería románica ya más perfecta.


La parte prerrománica (mozárabe o de repoblación) está constituida por la cabecera y el primer tramo de la nave. La primera se compone de tres ábsides rectangulares, siendo el central más profundo que los laterales.



En el ábside pinturas bastante bien conservadas, imitando un tapiz. Por el momento es difícil precisar si corresponden al tiempo del monasterio visigodo o al posterior mozárabe.


En el tránsito del presbiterio hacia un espacioso claustro, hay una sala cuadrada con un fuste central erosionado por la humedad, que nos recuerda a la palmera de San Baudelio de Berlanga.

miércoles, 14 de diciembre de 2016

Olvido imperdonable


Por un descuido imperdonable, recibí estos comentarios de Pablo García-Diego y no los contesté. Como incluyen al final unas interesantes opiniones, los publico ahora, excusándome por tal olvido.


Estimado Manuel:


..../....

Pero, al margen de mis felicitaciones por tu trabajo, querría comentarte algunas ideas que se me han ido ocurriendo a lo largo de estos años de visitas y, sobre todo, de escribir –es cuando más se piensa- sobre el Prerrománico Español. Me interesa mucho conocer la opinión sobre ellas de alguien tan versado en el tema. Simplemente las enumero por si os interesa, a ti o a los lectores de tu blog profundizar en alguno de los temas: 
1- Los últimos descubrimientos en Asturias -Veranes, Termas de Capo Valdés,..- demuestran que la dominación romana y, como continuación de aquella, la visigoda eran mucho más profundas en toda esa zona de lo que se ha venido pensando hasta hace poco. Según esto, el reino asturiano estaría más entroncado en lo visigodo de lo que se suele pensar.
2- La cultura visigoda a principios del siglo VIII era mucho más importante – literatura, códigos de leyes, escritorios, arquitectura, escultura,..- de lo que se cree habitualmente de esta época de la historia de España.
3- Su característica principal era su eclecticismo que permitía integrar tanto la cultura existente previamente en la península -autóctona, romana, cristiana-, con la que traían los visigodos que, después de muchos años de convivencia con Roma y Bizancio eran sin duda el pueblo bárbaro de mayor cultura y personalidad, como las que fueron llegando –norteafricana, bizantina, siria,…-, pero todo ello utilizando cada autor ese transfondo cultural con una libertad muy superior a lo habitual, sin normas de diseño prefijadas, a diferencia de lo que ocurrió posteriormente en Asturias excepto el caso del genial arquitecto de Ramiro I. 
4- Esta cultura estaba extendida en la mayor parte de la Hispania visigoda. Por ejemplo, encontramos escritorios tanto en Andalucía, Zaragoza, el Bierzo, Portugal, Cataluña, Navarra…, restos arquitectónicos y escultóricos de estilo muy semejante desde Bande a Barcelona y desde Medina Sidonia a Pravia y pizarras escritas en latín en media España..
5- Los mozárabes conservaron la capacidad de absorción de todo lo nuevo, el eclecticismo y la libertad de expresión de la cultura visigoda –yo incluso llamo “neovisigodo” al arte mozárabe en los reinos cristianos-, a la que añadieron las influencias islámicas, aplicando todo ello con gran libertad, como se observa en las gran diferencias en la estructura de sus iglesias o en las imágenes de sus manuscritos. 
Espero vuestras opiniones.
Un cordial saludo

Pablo García-Diego, webmaster de “Arte Prerrománico Español” 

martes, 13 de diciembre de 2016

Santa María de Melque, visigótico y/o mozárabe?


Llegamos en una mañana de densa niebla que envuelve a esta interesante iglesia prerrománica de la provincia de Toledo, quizás para proteger los todavía insondables misterios arqueológicos que por aquí se ciernen. Porque seguimos preguntándonos que hay en ella de mozárabe, dentro de una estructura eminentemente visigoda.
En nuestro libro "Mozárabes y mozarabías" publicado en el 2003 ya nos planteábamos esta cuestión: 

Sobre sus arcos de herradura, según el estudio de Caballero Zoreda, los arcos torales y de triunfo sobrepasan 3/8, los de interiores de ventanas 1/2 y los exteriores de ventanas 2/3. Con estas proporciones llega a la conclusión de que los arcos de Melque no pueden ser conceptuados como típicamente visigodos.

Desde que el conde de Cedillo descubrió en los comienzos del siglo XX los restos de este monumento hasta hoy, los expertos se han debatido en la polémica entre visigotismo o mozarabismo, polémica que estaba casi zanjada cuando el arqueólogo Caballero Zoreda preparó una tesis después de unas investigaciones exhaustivas en la década de 1970. Se inclinó entonces por los orígenes visigodos, aunque quedó la incógnita del trazado de algunos arcos que mostraban claramente diseños mozárabes, por su sobrepasado superior a 1/2 del radio. Veamos ahora cuales son estos arcos:

1 - En el lado oeste del crucero sur, hay dos huecos y el de la derecha es una ventana exterior con sobrepasado 3/4, netamente mozárabe.

2 - Igualmente aplicable a las dos ventanas de los dos muros extremos norte y sur del crucero. Esta es la del sur.

3 - La ventana del ábside también excede el sobrepasado visigodo

4 - En el interior, parece que los arcos torales y de triunfo sobrepasan los 3/8 del radio, lo cual excede lo normal visigodo aunque no llega a lo mozárabe. No obstante la perfección de las dovelas aporta nuevas dudas.

5 - Los interiores de las ventanas abocinadas también sobrepasan 1/2

La idea de una iglesia visigoda es incuestionable, hasta que el mismo Caballero Zoreda parece ser que modificó su opinión en una conferencia pronunciada en el 2015 en Aguilar de Campoo, aceptando que se trata de una construcción de los comienzos mozárabes, basado en los resultados de las últimas excavaciones y la utilización de nuevos métodos arqueológicos. 

En unos restos del estuco adherido a uno de sus muros, la datación por carbono dio su veredicto: entre el 668 y el 729, es decir muy cercano a la llegada de los musulmanes en el 711. Ello nos lleva a concluir que bien pudo ser un templo de construcción y aparejo visigodo que, luego, después del 711, continuaron los mozárabes añadiendo arcos más sobrepasados, pilastras y esquinas redondeadas y decoración de estucos.

Cuando hablamos de visigodo o mozárabe no debemos olvidar que los primeros llevaban ya por entonces más de tres siglos en Hispania, y la corta población invasora inicial, por cierto con escasa habilidad constructora, se había ya fundido con la autóctona población hispano-romana. Y los mozárabes, por su parte, eran hispano-romanos. Así pues, ambos eran ramas de un tronco casi común.

Por consiguiente, parece razonable que Santa María de Melque sea considerada como monumento visigótico-mozárabe.

lunes, 3 de octubre de 2016

San Miguel de Escalada (León)

                                     

A unos veinticinco kilómetros de León, en un recodo de una carretera del municipio de Gradefes, aparece súbitamente este templo, elegante, que nos transmite la sensación de imperecedero. Es el único monasterio que nos queda de los que rodeaban la capital del reino leonés en tiempos de Alfonso III el Magno, en las postrimerías del siglo IX, pues los de Abellar, Sahagún y Sandoval prácticamente han desaparecido. 

Sin lugar a dudas, es una de las joyas mozárabes mejor conservadas y más completas, dado que aquí se reúnen casi todos los elementos constructivos que caracterizan este estilo.

En la red hay bastantes páginas que describen sus características y, por supuesto, abundan las imágenes de este monasterio. Nosotros pretendemos aquí captar solo aquellas singularidades que hacen de San Miguel, precisamente eso, una edificación singular. Desde luego, a manera de síntesis.



El pórtico está compuesto por 12 arcos de hechura mozárabe, con columnas con fuste de mármol de una sola pieza, probablemente procedentes del anterior iglesia visigoda. Los cuatro capiteles de la derecha son de distinta factura que los otros ocho de la izquierda. 


Los arcos de herradura del pórtico estaban rodeados por un alfiz corrido del que se perdió la línea superior por debajo del tejado. Lo que queda de este alfiz se aprecia en el inicio del arco más occidental.


Puerta de acceso a la torre, con arco de medio punto, en cuyo tímpano se ha colocado un fragmento de cancel del iconostasio, con una bellísima decoración vegetal.


Ventana en la cabecera del pórtico, con parteluz y alfiz


En ambos hastiales de la nave central se aprecia el mampuesto burdo, con ladrillo en diente de sierra y celosías que recuerdan a las asturianas.


Modillones típicos mozárabes.


Templo basilical cortado por un bello iconostasio con tres arcos


En las tres capillas bóvedas de cascos o gallonadas al estilo califal


Inscripciones epigráficas sobre las tres aras de las capillas absidales.


Cancel con bellos motivos vegetales visigodos, reutilizado del templo anterior.

martes, 14 de junio de 2016

Sabor mozárabe

En estos últimos años hemos visitado muchos lugares impregnados de la impronta mozárabe, tan cuestionada últimamente, pero con evidentes signos de una manera de hacer cultural, puesta de manifiesto en determinadas pautas constructivas.
Sin ningún afán pedagógico, de forma aleatoria y según han ido saliendo las fotografías de los archivos antiguos, las hemos puesto en este vídeo y os las ofrecemos.


jueves, 19 de mayo de 2016

Le emigración mozárabe en el reino de León en los siglos IX y X

Bajo el título "La emigración mozárabe al reino de León, siglos IX y X", el catedrático de la Universidad "Rey Juan Carlos" de Madrid, G. Martínez Díez, ha publicado un interesante estudio sobre este asunto, del que proporcionamos su enlace:

jueves, 24 de septiembre de 2015

San Antolín de Toques


Ya visitamos estos restos de antiguo monacato perdido entre carballos, en una ladera próxima a Toques (A Coruña), a unos 8 km al norte de Mélide, cuando preparábamos el libro de "Mozárabes y mozarabías" y ya nos advirtió el P.Cleto, por entonces párroco del lugar y celoso custodio del tesoro escondido, de que pocos vestigios mozárabes encontraríamos por allí. Pero sus ancianas fuerzas y la escasez de fondos no parecían augurar nada bueno para aquellas valiosas ruinas.



Sin embargo, el panorama ha cambiado. Hemos vuelto y comprobado que se han hecho y se siguen haciendo restauraciones y labores arqueológicas, de forma que han aflorado interesantes pinturas en los muros interiores. Igualmente han reaparecido capiteles e impostas de aire visigótico mozárabe, como se puede apreciar en estas imágenes sacadas de una publicación hecha por el Concello de Toques, cuyo autor es Xm. Broz. 

Un románico con incrustaciones mozárabes


En la provincia de Lugo, a ambos lados del Camino de Santiago, surgen una serie de iglesitas románicas rurales, algunas de ellas de extraordinario interés y todas, sin excepción, apostadas en estratégicos baluartes paisajísticos.

San Miguel de Eiré, en el concello de Ferreira de Pantón, es una de ellas. Con aspecto exterior de fortaleza, nos sorprende la finura de la talla de su arco de entrada con doce flores distintas con el Cordero de Dios en la clave y el enigma que acompaña a sus archivoltas, capiteles y soportes interiores.

  

Pero eso no es todo, porque, inesperadamente, vemos en el centro del muro meridional de la nave, unos arquillos burdamente esculpidos, pero de innegable procedencia mozárabe, seguramente procedentes de alguna iglesia o monasterio anterior.


jueves, 4 de junio de 2015

Beato de El Escorial


En alguna medida, hubo un cierto paralelismo entre el tiempo pasado ya en el siglo I, con la paganización de los emperadores romanos y el comienzo de las persecuciones, con el siglo VIII, cuando las comunidades cristianas del norte de Hispania vivieron bajo la presión de los invasores islámicos. 

Fue en aquel siglo VIII cuando el monje Beato escribió los Comentarios a la Apocalipsis en el remoto aislamiento cántabro del Monasterio de Liébana, donde la vida transcurría bajo el temor de las rafias musulmanas, con la prevención contra las herejías arriana y adopcionista y el miedo a las posibles consecuencias del fin del milenio. Era, por tanto, un panorama de constante desasosiego e incertidumbre. 

En medio de ese ambiente, se necesitaba una motivación, infundir ánimos para hacer ver a la población cristiana que, tras tantas calamidades, llegaría la paz y la felicidad, con el triunfo de la misericordia divina. 

Los Comentarios de Beato pronto alcanzaron gran difusión. Con toda probabilidad, el manuscrito que hoy se encuentra en los estantes de la Biblioteca Real del Monasterio de El Escorial fue copiado a finales del Siglo X, en el escritorio de San Millán de la Cogolla aunque no sepamos muy bien cómo llegó a la biblioteca escurialense. Probablemente fue el humanista Ambrosio de Morales el que lo vio en la Catedral de Oviedo y lo llevó a El Escorial, siguiendo las instrucciones del mismo Felipe II.

A estas alturas, después de tanta polémica sobre la terminología de mozárabe, no debiera producir ningún rechazo cuando la aplicamos a las copias derivadas del escrito del monje Beato. De hecho, de las mas de veinte que han llegado a nuestros días, a más de la mitad de ellas, aunque sea de manera convencional, se les sigue considerando como de estilo mozárabe.

Nunca podremos averiguar cuantos copistas de los Beatos fueron monjes procedentes del sur andalusí. Además, no olvidemos que la denominación "mozárabe" no es, en puridad, un término artístico sino más bien histórico, y aunque reconozcamos que estas iluminaciones recibieron influencias tanto visigóticas como carolingias y árabes, creo que se puede seguir aplicando esta nomenclatura sin ningún reparo. Sobre todo si tenemos presente que esta denominación que, en su día, acuñó Gómez Moreno, sigue vigente porque, entre otras cosas, no ha sido reemplazada por ninguna otra de mayor precisión.

Pero si es verdad que, últimamente, parece que los expertos se inclinan por negar en estos códices la existencia de influencias árabes o de gentes venidas de al-Andalus. Desde luego, en este Beato de El Escorial, no hemos detectado ninguna.

Días pasados, hemos vuelto a tocar, aunque fuese en facsimil, las hojas de este Beato, y hemos experimentado las mismas sensaciones de siempre. Nos han acariciado sus tonos cromáticos y nos hemos deleitado con la ingenuidad de los rostros. Y nos sigue admirando la inmediatez con la que aquellos copistas expresaban los horrores apocalípticos en medio de aquel entorno de temor religioso y político.

Merece la pena un rápido recordatorio de algunas de sus sencillas iluminaciones, todas imaginativas y algunas aterradoras. Claro que no podía ser de otra manera en tiempos de la casi desaparición del reino visigótico, bajo la cercana amenaza musulmana, atenazados tambíén por los negros presagios ante el cambio del milenio. Era, pues, necesario identificar al Anticristo con los falsos profetas y con los heresiarcas como Arrio y Elipando de Toledo, pronosticando el triunfo final de Cristo por encima de tantas penalidades.

En este vídeo que podéis ver a continuación, apreciareis algunas particularidades de este curioso Beato. Veremos en él parte sus gráficas iluminaciones, asociadas con el correspondiente texto apocalíptico aludido, lo cual nos ayudará a comprender el sentido de estos complejos simbolismos. Siempre resulta difícil su interpretación pero, desde luego, sin la correspondencia obligada con el pasaje bíblico, resultaría tarea poco menos que imposible.




Creo que gran parte de la atracción que siempre hemos sentido por estas iluminaciones reside en el milagro de cómo estos artistas incipientes, valiéndose de rasgos candorosos y casi infantiles, fueron capaces de plasmar la tragedia y el drama de sus vidas, en aquellos siglos VIII a X.

Y fruto de esa atracción hemos vuelto ahora a ojear sus 151 folios para descubrir nuevos y sugerentes detalles.  

Es verdad que sus 52 iluminaciones ofrecen brillante colorido, muy en especial sus amarillos y también sus ocres y sus verdes. Pero no es menos cierto que llama la atención su escasa plasticidad y la repetición abrumadora de sus figuras, siempre en las mismas posiciones, con las mismas vestimentas y con los mismos rostros, sin apenas relieve ni sensación de movimiento. La falta de perspectiva se hace omnipresente y ello nos lleva a recalcar lo ya sabido: mas que por el sentido artístico, el iluminador de San Millán de la Cogolla estaba guiado por una firme fe religiosa. En otras palabras, era antes monje que artista.

La primera característica que notamos es que la mayoría de las láminas están enmarcadas, claro que el copista de turno se saltaba el cuadro cuando quería resaltar algo.




Las caras de los personajes están compuestas por una nariz de un sencillo trazo vertical que se continúa por una de las cejas. Casi todos los rostros aparecen de perfil, en dos variantes, una más moderada y otro más acusada. 




La posición frontal parece reservarse a las figuras de Dios y de algunos ángeles y, curiosamente, en estos casos la nariz se dibuja con dos trazos verticales en vez de uno. 



Los ojos son almendrados pero las almendras están generalmente orientadas las dos hacia un mismo lado. Sin embargo, aquí también se hace una distinción con los ojos de Dios, cuyas almendras se dibujan en sentidos opuestos. 

¿Podemos interpretar ambas curiosidades como un subyacente deseo de patentizar una cierta jerarquía? Si fuese así, ello demostraría el carácter casi infantil que prevalece en estas iluminaciones. 

                                           

Los ojos se representan con un simple trazo recto cuando se refieren a personajes dormidos o muertos. 

                                          

Las manos con cuatro dedos juntos y excesivamente alargados, desproporcionadas y torpemente dibujadas.

Por lo demás, las orejas son bilobuladas, las vestiduras planas pero con tiras paralelas y las cabezas con cabelleras cortas, rodeadas de limbos, como en casi todos los Beatos. Estos son algunos de los rasgos comunes que muestran estas entrañables dibujos. 

Bibliografía:
Mentre, M. El estilo mozárabe, Ed. Encuentro, Madrid, 1994.
Williams, J. The illustrated beatus., Harvey Millers Publishers, 1998.



martes, 21 de abril de 2015

Otra vez en Bobastro (Ardales, Málaga)


Cuando estuvimos por última vez en las ruinas rupestres de Bobastro, nos quedamos subyugados por la belleza paisajística del entorno de las Mesas de Villaverde, perteneciente al malagueño pueblo de Ardales. Hicimos fotos que luego se convirtieron en un vídeo de una mediana calidad.
Hoy queremos reparar aquel fallo con un nuevo vídeo, al tiempo que reivindicamos, una vez más, el adjetivo de mozárabe y cristiano para aquella iglesia y fortín, epicentro de las revueltas contra las tropas del emirato cordobés en la segunda mitad del siglo IX.
Reconociendo su inicial y relevante componente berebere y muladí, Bobastro fue escenario de una gesta mozárabe y, hoy, es la única iglesia genuinamente mozárabe que nos queda en Andalucía.   


lunes, 26 de enero de 2015

San Xes o San Ginés de Francelos, Ribadavia, Orense


Galicia la mágica, la insondable, la "enxevre", nunca terminará de sorprendernos. Después de haber visitado Ribadavia un par de veces, no habíamos descubierto esta perla prerrománica situada en sus cercanías, a poco menos de un kilómetro, en el lugar de Francelos, aguas abajo del Miño.




Desde la plaza central, tendremos que tomar una pequeña calleja sin señalización y pronto nos aparece lo que queda de un probable monasterio sumergido en la nebulosa del siglo X, del que apreciamos los sillares visigóticos y algunos elementos decorativos que nos llaman la atención, especialmente en el pórtico.





La puerta principal de acceso está coronada por un arco de gruesas dovelas sobrepuesto a un dintel, con claro aspecto visigótico. Las columnas adosadas a las jambas llevan motivos vegetales, igual que los capiteles con decoración de hojas, derivación del corintio que también podrían denotar alguna influencia asturiana.

En los sillares adyacentes a los capiteles vemos escenas que suscitan diversas interpretaciones, aunque el del lado derecho parece ser la entrada de Jesús en Jerusalén.



A continuación, en este mismo lado, destaca una delicada celosía, de gran finura de talla, propia de expertos artesanos, con arco de medio punto, con motivos vegetales y sogueado y con tres arquitos mozárabes en la parte superior. Tampoco aquí los expertos se ponen de acuerdo en el entrecruzamiento de influencias visigóticas, mozárabes o asturianas.




Esta celosía debió ser decisiva en la declaración de esta iglesia en 1951 como monumento histórico y artístico.
En los muros, entre los grandes sillares, de manera desordenada que indica posteriores reconstrucciones, se ven labrados algunos sogueados decorativos.



miércoles, 6 de agosto de 2014

Curiosidad en los Moralia in Job




En el año 945, en el monasterio burgalés de Valeránica, trabajó el gran ilustrador Florencio, que pronto adquiriría gran renombre como iluminador de libros que trataban de sintetizar y explicar al pueblo los entresijos de los textos bíblicos, el Apocalipsis entre otros. El Papa Gregorio Magno escribió los Moralia in Job que son los comentarios al libro de Job y que sería copiado e iluminado por Florencio. Ahora están depositados en la Biblioteca Nacional de Madrid. La calidad de este artista fue a más, llegando a crear una escuela, hasta convertirse en uno de los iluminadores más relevantes de la Castilla de aquel siglo. De su mano, en Valeránica salieron los mejores códices iluminados de ese período, obras de gran formato y cuidada presentación.


Poco conocemos de la vida del tal Florencio, aunque su maestría le debió llevar a un cierto grado de engreimiento, según nos cuenta I. Bango Torviso, que ya advirtió como en la Biblia de León festejaba sus éxitos brindando con uno de sus colaboradores.


Y esta es la explicación de que en los citados Moralia in Job dedicase toda una página a recordar a los lectores cual era su nombre. Se llaman acrósticos estos juegos con letras formando frases. Pero la curiosidad estriba en la forma en que lo hizo el iluminador Florencio, valiéndose de un laberinto de letras, en el cual, a partir de la F que aparece en el centro de la primera fila, se puede leer en cualquier dirección la frase: FLORENTIUM INDIGNUM MEMORARE, Florencio indigno de ser recordado. 
En fin, todo un ejercicio de falsa modestia.